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En la empresa familiar, uno de los mayores retos es dar cabida a la savia nueva sin que esta situación se convierta en un impacto de trenes a toda velocidad.

Es importante reconocer que la creación de una empresa que surge de la iniciativa de los miembros de una familia, está influenciada por el perfil del emprendedor que lo funda. Sus tradiciones y prácticas, determinan un estilo de gestión, incluida una cultura. Cada generación representa una serie de patrones de comportamiento, actitudes, normas y valores, con sus necesidades particulares. La dificultad es combinar las necesidades respectivas, evitando la tensión entre ellas.

Los conflictos originados por las barreras generacionales, cuando surgen, dificultan la comprensión del comportamiento de los demás. La comunicación, vital en todas las situaciones interpersonales, es aún más importante cuando existe una relación entre las diferentes generaciones. Las diferentes formas de entender la marcha de la empresa es lo que genera el conflicto. Al mismo tiempo, estas diferentes formas de concebir propuestas y soluciones dan lugar a malentendidos, la falta de comprensión entre los miembros de la familia (y la empresa) mezclan razón y la emoción. La comunicación es la única forma de lograr objetivos, construir relaciones y resolver disputas.

La mediación se revela como una herramienta útil en el negocio familiar, para trabajar con las diferencias que han surgido, porque los mediadores no nos basamos en  determinar quién tiene razón o quién se ha equivocado, sino en encontrar una solución que satisfaga a las partes. Nos encontramos con una delgada línea que separa el sistema familiar del sistema organizacional, pero en los dos sistemas –familia- empresa– los intereses se basan en las emociones, en los principios de lealtad, igualdad, ayuda y cuidado de sus miembros. Los conflictos en las empresas familiares, se les considera una amenaza contra la armonía familiar; para mantener la unidad, generalmente los miembros de la familia empresaria buscan alternativas para que no se desarrollen y mucho menos salgan a la luz las disputas, se evita así la expresión abierta de los sentimientos y pensamientos.

Parte de los conflictos generacionales provienen de un problema de reconocimiento tanto de padres como de hijos. Los padres esperan ser reconocidos por su experiencia, su tiempo, sus logros y beneficios dados a sus hijos, mientras que los hijos esperan ser reconocidos por sus habilidades, su capacitación, su disposición y compromiso para la continuidad del negocio. Es necesario que los hijos acepten el desafío de superar las “pruebas” de competencia y mérito; mientras que los padres se enfrentan a “pruebas” de confianza y reconocimiento.

Sin embargo, las relaciones intergeneracionales suelen estar basadas en procesos de comunicación que no facilitan la expresión real de sentimientos, emociones, deseos o expectativas, y enmascaran una serie de no conformidades, ambivalencias e incertidumbres que abiertamente no salen al descubierto. Desde la mediación, podemos lograr un nivel de reconocimiento mutuo que nos permita abordar una solución a los desacuerdos.

Por lo tanto, puesto que no se trata de un problema técnico, sino un problema relacionado con valores, expectativas y opiniones en el contexto de las relaciones subjetivas, a través de la mediación analizamos cómo se establecen las relaciones y conflictos entre las diferentes generaciones de la empresa familiar, identificando estrategias que no son evidentes, y que por lo común permanecen inconscientes.

Según hemos visto, podemos resumir algunos factores que explican los conflictos intergeneracionales:

  •  Los roles de cada grupo de generación son claros en cada espacio; sin embargo, no es fácil identificar claramente dónde termina y empieza cada uno, pues no están asociados únicamente con la empresa o la familia.
  • Con frecuencia los representantes de la primera generación pretenden que sus herederos asuman la gestión de la empresa de la misma forma que ellos lo hacen, lo que hace que la individualidad sea más difícil.
  • Cuando existe una tendencia a mantener un culto a la figura del fundador, sus valores y prácticas de gestión, dificulta que otras generaciones actúen de manera diferente o puedan introducir cambios en la empresa que satisfagan las nuevas circunstancias del mundo empresarial.

A menudo nos preguntan en que momento del conflicto generacional, nuestra intervención como mediadores podría implementarse, y nuestra recomendación siempre es: en cuanto aparezcan los primeros síntomas de un conflicto, y se compruebe que se está enquistando y sube la tensión. Es preferible, cuanto antes, evitar que el conflicto se extienda entre todos los miembros y afecte la relación familiar en el lugar de trabajo. A través de la mediación, podemos fomentar las relaciones para facilitar la integración y la convivencia entre diferentes generaciones de miembros de la familia, que permita la continuidad del proyecto de la empresa familiar.

Publicado emArtigos
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